El sabor dulce y amargo del KETCHUP

•febrero 12, 2007 • Dejar un comentario

EL KETCHUP

El Ketchup es una salsa de tomate condimentada con vinagre, azúcar y sal, además de diversas especias.

El Ketchup puede darnos su sabor más amargo produciendonos diversos problemas de salud. No es especialmente dañino, solo debe vigilarse la cantidad ingerida en algunos periodos de tiempo. Por su grado de acidez debe ser evitado por personas con problemas estomacales como gastritis o úlceras. Las personas con diabetes deben vigilar por su contenido en azúcares (entre un 2-7,5 %). En cuanto a la sal, el Ketchup tiene una media de 2,8%, lo que lo hace poco recomendable para hipertensos. Otras propiedades características del Ketchup serian su contenido en agua el 72% y su contenido en proteinas 1 y 2 %.

Pero por otro lado, el Ketchup tiene un sabor dulce, producido por el Licopeno, un carotenoide, poderoso antioxidante que lentifica el envejecimiento de las células y su crecimiento descontrolado, ” Este es el motivo por el cual se relaciona el consumo de tomate con la prevención de algunos tipos de cáncer, como el de mama y el de prostata” según Juan Carlos Ruiz, director del Instituto Madrileño de Urología.

Se ha demostrado que comer Ketchup más de dos veces a la semana reduce el riesgo de sufrir cáncer de próstata de un 21 a un 43 % según un estudio del Doctor Edward Giovannucci de la Universidad de Salud Pública de Harvar. Según el Estudio ” el único nutriente que previene el cáncer de próstata es el Licopeno”, carotenoide que da el color rojo al tomate.

DIETA MEDITERRÁNEA

•febrero 12, 2007 • Dejar un comentario

Estudios llevados a cabo durante los últimos 30 años, pusieron de manifiesto que los países de la cuenca mediterránea: España, Italia, Francia, Grecia y Portugal tenían un menor porcentaje de infarto de miocardio y una menor tasa de mortalidad por cáncer. Los investigadores, sorprendidos, buscaron las posibles causas y descubrieron que la dieta tenía un papel fundamental. A partir de entonces, se empezó a hablar de la dieta mediterránea como un factor a tener en cuenta en la prevención de estas enfermedades.

Tras este descubrimiento, los científicos fueron perfilando los elementos que definen la dieta mediterránea: pasta y arroz, verduras, legumbres, abundante fruta, aceite de oliva, poca carne y mucho pescado, pan integral, y todo sazonado con algunas especias como el ajo, el orégano, algo de pimienta y pequeñas cantidades de buen vino.

En un principio no se sabía a ciencia cierta por qué funcionaba tan bien esta determinada combinación de alimentos. Pero, poco a poco, los nuevos descubrimientos en bioquímica y nutrición humana desvelaron los secretos de una sabiduría milenaria.

ACEITE DE OLIVA

En 1986, tras 15 años de trabajo con científicos de 7 países diferentes, el profesor A. Keys sacó a la luz el llamado Estudio de los 7 países. Este trabajo demuestra que la presencia de ácidos grasos insaturados en la dieta disminuye el riesgo de padecer obstrucciones en las arterias del corazón. También puso de relieve la relación directa entre los niveles de colesterol en sangre y la incidencia de infarto de miocardio, y entre la cantidad de grasas saturadas y los niveles de colesterol. El aceite de oliva virgen, ampliamente utilizado en la dieta mediterránea, tiene un 80 % de ácido oleico (monoinsaturado) y solo un 14 % de ácidos grasos saturados.

A partir de 1983, aparecieron publicados nuevos trabajos que completaban las investigaciones anteriores (Jacotot en Francia 1983, M. Oya y R. Carmena en España 1985, Mattson y Grundy en EE.UU. 1985). En pocas palabras, demostraban que los ácidos grasos monoinsaturados hacen aumentar la proporción entre el colesterol HDL y el LDL. También, se descubrió que el colesterol HDL tiene un marcado efecto protector frente a la acumulación de placas de ateroma en las paredes de las arterias. Los aceites de semillas (soja, girasol, etc.) tienen grandes cantidades de ácidos grasos poliinsaturados y pocos monoinsaturados. Aunque hacen descender el colesterol total en sangre, no aumentan la proporción de colesterol HDL frente al LDL, y no tienen por tanto el mismo efecto protector frente a las enfermedades cardiovasculares, que el aceite de oliva.

No son éstas las únicas ventajas del aceite de oliva. A pesar de tener pocos ácidos grasos poliinsaturados, tiene la suficiente cantidad para cubrir las necesidades diarias mínimas (unos 10 gr). Además, es más resistente a la oxidación (saturación de sus ácidos grasos) cuando se calienta que otros tipos de aceites vegetales, soportando sin cambios apreciables los 200 º C de temperatura, frente a los 100º C de media que soportan los aceites de semillas. Esto implica que podemos freír los alimentos con aceite de oliva sin temer que sus ácidos grasos se saturen.

El aceite de oliva también tiene un alto contenido de carotenos, vitamina E y propiedades colagogas y coleréticas. Gran parte de estas características se pierden al refinarlo, ya que el aceite se calienta a altas temperaturas en este proceso. Por este motivo, siempre preferiremos el aceite de oliva virgen de primera prensa en frío al refinado.

PESCADOS

Otra característica significativa de la dieta mediterránea es el reducido consumo de carnes en comparación con el de pescados. En los estudios llevados a cabo sobre los esquimales pobladores de Groenlandia, se descubrió que la incidencia de enfermedades cardiovasculares en estas poblaciones era prácticamente nula. A pesar de que apenas consumían aceites vegetales, sus niveles de lipoproteínas de baja densidad (LDL) eran extremadamente bajos en comparación con los de lipoproteínas de alta densidad (HDL). El alto contenido de ácidos grasos poliinsaturados de la serie omega-3 de los pescados grasos que consumían en grandes cantidades explicaron este hecho. Estos ácidos grasos son un componente fundamental de los fosfolípidos de las membranas celulares y un factor decisivo en su capacidad de llevar a cabo intercambios químicos.

Frutas, legumbres, verduras , pastas y cereales integrales

También cabe destacar el alto consumo de pastas “al dente” y cereales integrales de la dieta mediterránea. Estos carbohidratos tienen un índice glucémico muy bajo. El índice glucémico refleja la relación entre la subida de glucosa en sangre producida por un hidrato de carbono cualquiera en comparación con la que produciría un aporte de las mismas calorías en forma de glucosa pura o pan blanco refinado. Es preferible que la glucosa se vaya liberando paulatinamente en la corriente sanguínea para conseguir una adecuada captación en las células y evitar así la formación de grasas, la acidosis y otros trastornos.

Los alimentos más recomendables por tener un índice glucémico menor son las legumbres, hortalizas, pasta italiana (al dente) y frutas, que son justamente los más abundantes en la dieta mediterránea. La fibra también tiene un papel fundamental en al regulación del índice glucémico al retener parte de los nutrientes y retardar su absorción.

El arte de cocinar

La dieta mediterránea, además de combinar lo más adecuado desde un punto de vista bioquímico y fisiológico, dispone de una tecnología culinaria que es parte de un arte ancestral trasmitido de generación en generación. El uso de las especias y de los métodos de preparación más adecuados realzan el sabor y las propiedades organilépticas (sabor, color, olor, textura) de los alimentos, lo que favorece tanto su degustación como su digestión.

LA SOJA, alimento completo ideal

•febrero 5, 2007 • Dejar un comentario

La soja, una legumbre de consumo cada vez más extendido, es vista por los expertos como lo más parecido al alimento completo ideal.

15 de octubre de 2003
Jordi Montaner

Hace un tiempo, veinte años a lo sumo, pocos habrían sido capaces de apostar decididamente por la soja como alimento de masa. La situación hoy es bien distinta. Su consumo se ha multiplicado esponencialmente y sobre las virtudes de esta legumbre se están diseñando desde transgénicos a probióticos, pasando por complemento dietéticos.

Organizado por la Fundación Bosch i Gimpera (Universidad de Barcelona), tuvo lugar el pasado 18 de septiembre un foro científico destinado a promover las virtudes de una leguminosa importada de Asia, que conquistó América en la segunda mitad del siglo XX y que irrumpe ahora con fuerza en el mercado europeo. lejos aún de igualer la producción estadounidense de 38,7 millones de toneladas anuales, la producción de soja en el viejo continente crece a un ritmo del 20%, tiene a Bélgica por su principal nación embajadora y se enfrenta a un único escollo: la normativa comunitaria frente a los productos modificados genéticamente.

Según la American Soybean Association (ASA), la soja transgénica se comercializa en todo el munod desde 1997 y resulta totalmente inocua para la salud. “Con todo, los importadores e industriales europeos sienten predilección por las legumbres de origen orgánico y esperamos que la directiva 2001/18/EC que entró en vigor el pasado 14 de julio de 2003 rompa todos con los tabúes surgidos a este respecto”, afirma el portavoz del ASA en Europa, Ignace Debruyne.

LA CARNE DE LOS POBRES

El bromatólogo Abel Mariné (Universidad de Barcelona) reconoció en el foro que la soja es actualidad por la ingente bibliografía científica publicada sobre sus cualidades y los numerosos estudios en curso. Puso por ejemplo la identificación de seta legumbre como fuente de isoflavonas y la potenciación de bebidas, refrescos o yogures con ingredientes extraídos de la soja que sirven como complemento dietético.

“No hay alimento completo per se”, admitió el experto, “pero la soja se encontraría muy cerca de su definición”. Mariné hizo un paréntesis para reclamar la identidad cultural de las comidas. “Debemos alimentarnos como seres humanos y no como animales”, dijo para aclarar que la soja no debe en ningún caso cumplir el papel de un “pienso para humanos”.

Enfatizó el valor de la dieta mediterránea, en la cual “la soja nunca ha tenido cabida hasta hoy” pero que mantiene su potencial integrador “capaz de asimilar nuevos productos sin desplazar a los ya instaurados”. Por contra, la soja sí forma parte de la dieta china desde la antigüedad, “y la dieta china y la mediterránea siguen un patrón similar en muchos aspectos, sobre todo en lo relacionado con el aporte proteico”. Mariné recordó que, en ambas latitudes, por distantes que parezcan, los pueblos costeros tenían en el pescado a su principal fuente de proteínas, mientras que en los pueblos de interior se recurrían a las legumbres, “la carne de los pobres”. En este sentido, la soja china cumplía con un propósito similar al de nuestras judías, garbanzos y lentejas. “Las regiones más intrínsecamente mediterráneas o chinas eran pobres, el hambre causaba estragos, pero no los desequilibrios causados por la lactosa o el colesterol”.

El ponente lamentó que la soja se maldiga como legumbre y como producto transgénico. Subrayó que “los productos transgénicos que están en el mercado no suponen en absoluto ningún riesgo para la salud” y criticó la mala reputación que las legumbres en general han ganado como alimentos depreciados. La incorporaciónd e más tasa de leche, de huevos y de carne en la dieta mediterránea se ha hecho, según el bromatólogo catalán, a expensas de las interesantes legumbres.

Mariné es poco partidario de las dietas vegetarianas estrictas por el déficit de hierro que puden comportar, pero aseguró que el poder proteínico de las legumbres, y de la soja en especial, permiten dotar al organismo de las proteínas necesarias sin el peaje de un colesterol excesivo.

El experto clasifica a la soja como “la legumbre con mayor densidad de nutrientes”, entre los que destaca a los aminoácidos (alanina, arginina, ácido aspártico, ácido glutámico, cistina, fenilalanina, glicina, histidina isoleucina, leucina, lisina, prolina, serina, tirosina, treonina, triptófano y valina).

“Pese a que fue Hipócrates quien estableció que la mejor medicina es una buena alimentación, no debemos convertir los alimentos en fármacos”. El especialista se muestra contrario a enriquecer yogures, leches, galletas o chucherías con las virtudes de la soja pero no a combinar su consumo regular con el de otras verduras y cereales. “De este modo, podremos disminuir el consumo de proteínas animales sin comprometer nuestro crecimiento ni nuestra salud”.

La soja aporta hidratos de carbono con bajo índice glucémico, “los más valorados hoy día”, según Mariné, además de una buena cantidad de fibra soluble y oligosacáridos que actúan a modo de prebióticos. Estos oligosacáridos son los responsables de la flatulencia característica de todas las legumbres. Recientemente se han comercializado variedades de soja bajas en oligosacáridos para paliar ese efcto impopular.

UNA INDUSTRIA EN AUGE

La fama de la soja se debe a los hippies estadounidenses, recordó Mariné, quienes la importaron del Japón como un alimento macrobiótico y contracultural. A su vez, la soja había entrado en Japón de la mano de monjes budistas chinos en el siglo VIII. Su verdadera revolución, pese a todo, llegó en los años 60, cuando científicos estadounidenses descubrieron en este vegetal la clave idónea para la producciónd e pienso animal barato y con altas prestaciones. Estados Unidos se hizo con el mercado mundial de la soja y sus principales competidores, las potencias agrícolas de la esfera soviética, se vieron incapaces de rivalizar con sus piensos de origen cereal.

Esta arma agrícola fue objeto cada vez de mayores estudios científicos que agudizaron en el valor biológico de sus nutrientes. Se desarrollaron subproductos como la lecitina, un emulsionante utilizado en la elaboración del chocolate y que ha sido reivindicada últimamente como antioxidante eficaz.

Desde lo puramente agrícola (se trata de un cereal con excelente rendimiento por superficie cultivada, que ayuda a la sostenibilidad de los suelos) hasta lo nutricional (la soja se distingue de otras legumbres por su riqueza mineral en clacio, potasio, fósforo, hierro y vitaminas del complejo B), la soja acredita en la actualidad un sinfín de publicaciones en las que se actualiza su valor. La soja fermentada, empleada por algunos vegetarianos como carne vegetal, tiene la virtud de incorporar vitamina B12 (exclusiva de los organismos animales).

Pese a las reticencias europeas con respecto a los productos transgénicos, la soja orgánica no conoce limitación alguna. Los industriales de la alimentación saben que el consumo de alimentos de origen orgánico crece a una media del 300% y no escatiman esfuerzos a la hora de incorporar la soja como parte de una alimentación orgánica o como comida funcional, que suma los nutrientes de la soja por medio de tecnologías aplicadas llamadas de extrusión. Hasta una docena de marcas identificables en cualquier supermercado español tiene la soja entre sus ingredientes principales.

UNA LEGUMBRE CON POTENCIAL FITOESTROGÉNICO

María Antonia Lizarraga, fisiopatóloga de la Universidad de Barcelona, destaca el papel de la soja como fuente de salud. “Un estudio muy divulgado en EEUU demuestra que el consumo diario de 25 gramos de proteína de soja redunda en un beneficio cardiovacular directo”. No obstante, reconoce que la soja incrementa los niveles de tiroxina y que, por tanto, ” debe consumirse con precaución por parte de los enfermos con complicaciones tiroideas”.

Su condiciónde fitoestrógeno apoya el empleo de la soja en los esquemas dietéticos de mujeres menopáusicas (paliando síntomas como los sofocos) y con vistas a disminuir el riesgo de osteoporosis (evitando la descalcificación de los huesos). “Recientemente se ha descubierto que disminuye la absorción del colesterol en el intestino delgado y aumenta la excreción de esteroides en las heces”.

Si el empleo de estrógenos sintéticos en las mujeres postmenopáusicas ha sido puesto en cuarentena por algunos estudios, debido a un supuesto riesgo cardiovacular o cancerígeno, los fitoestrógenos derivados de la soja llevan todas las de ganar. El mecanismo de acción de los estrógenos depende de una serie de receptores alfa y beta. Los fitoestrógenos tienen la particularidad de ser captados casi exclusivamente por receptores beta, con lo que ejercen un efecto estrogénico favorable en huesos, pared vascular, tracto urogenital o sistema nervioso central, sin efecto sobre la mama o el endometrio.

Según Lizarraga, la disminución de la producción de estrógenos puede propiciar en algunas mujeres situaciones patológicas de riesgo osteoporósico y cardiovascular. “En ese periodo se incrementa el riesgo de infarto y aumenta la HTA, ligado en ocasiones a una obesidad o diabetes tipo 2”, asegura. Todas estas modificaciones son tributarias de corrección dietética y tienen a la soja como un aliado de primer orden.

Fuente: CONSUMER.es EROSKI

EL CHOCOLATE, efecto protector cardiovascular

•febrero 5, 2007 • Dejar un comentario

Los flavonoides contenidos en el chocolate parecen jugar un efecto protector frente a enfermedades cardiovasculares por sus efectos antioxidantes.

Jordi Montaner
25 de noviembre de 2003

Durante años el chocolate ha sido objeto de un sinfín de acusaciones. Desde fuente de vicio hasta origen de caries infantiles, pasando por adicciones incontrolables, problemas metabólicos, cefaleas o sobrepeso. De un tiempo para esta parte, sin embargo, el chocolate se está reivindicando como fuente de salud. Si los resultados de distintas investigaciones acaban confirmándose, pronto podría figurar entre las prescripciones de todo médico de cabecera.

Un artículo publicado hace unos meses en la revista Nature (424:1013, 28/8/2003) despejó toda incógnita acerca del papel protector de los flavonoides del cacao y del chocolate frente a la enfermedad cardiovascular. Un equipo dirigido por Mauro Serafini, del Instituto Nacional Italiano para la Investigación de los Alimentos y la Nutrición (Roma), han identificado al flavonoide responsable, la epicatequina, que actúa como antioxidante en los vasos sanguíneos y previene la formación de placas de ateroma (arteriosclerosis). No obstante, los investigadores transalpinos subrayan que el efecto antioxidante del cacao se inhibe normalmente por acción de la leche con la que se acompaña tanto su presentación soluble como buena parte de las pastillas de consumo más extendido. En otras palabras, que para que el chocolate resulte verdaderamente sano, le sobra la leche.

Serafini llevó a cabo un estudio con 12 voluntarios sanos, a quienes hizo probar distintas variedades de chocolate y observó que la absorción de epicatequina en el organismo se veía dificultada en los chocolates que incluían leche o derivados lácteos en su composición. “Este hallazgo alimenta la controversia de que las acciones antioxidantes de determinados productos que ingerimos puede contrarrestarse mediante la acción de otros componentes de la dieta, al mismo tiempo que apoya el concepto de que los flavonoides desempeñan un papel esencial frente a las enfermedades del corazón y degenerativas”, señala el invetigador.

Carl Keen (Universidad de California) va más lejos aún y sostiene que la epicatequina podría actuar “como una aspirina de baja dosis” en el organismo, ejerciendo una actividad antiplaquetaria y protegiendo frente al ictus o el infarto. “Nuestro grupo no sólo observó un incremento de la capacidad antioxidante tras el consumo de chocolate, sino una variación de ciertos componentes que afectan a los vasos sanguíneos”. El especialista estadounidense midió el efecto de los flavonoides en 25 voluntarios que habían ingerido 25 gramos de chocolate, y lo comparó con otros voluntarios que habían comido sólo pan.
“Entre dos y seis horas después de haber tomado chocolate, la sangre de los voluntarios registró una disminución de la agregación plaquetaria que no se dio cuando el producto consumido era el pan”, relata.

Una pequeña tableta de chocolate negro (sin leche) aporta al organismo, según Keen, tanto flavonoides como seis manzanas, algo más de cuatro tazas de té o dos vasos de vino tinto.

NÉCTAR DE LOS DIOSES

Cristóbal Colón no sólo descubrió América. De vuelta a España, en 1502, trajo consigo algunas semillas de cacao que los indígenas utilizaban como moneda de cambio; aunque el almirante ignoró siempre su cotización en cuanto a salud. En la sociedad azteca, por contra, se atribuían al chocolate cualidades místicas (su nombre botánico, Theobroma cacao significa en griego “alimento de los dioses”). Hernán Cortés atestiguó cómo Moctezuma bebía con asiduidad un raro néctar que los aztecas denominaban xocalt (agua amarga), elaborado a base de cacao, maíz triturado, especias y agua. “Esta bebida le hace a uno más fuerte y resistente a la fatiga”, relataba el conquistador.

Hasta su utilización industrial, el chocolate gozó durante siglos de un cierto halo de alimento exquisito y reconstituyente, que nuestro ecléctico recetario introdujo como condimento en determinadas salsas, como desayuno y merienda, o como acompañante del café en la sobremesa. Su pasta de sublime y fácil fusión acabó, sin embargo, relegando el chocolate a la categoría de golosina con la que alimentar múltiples caprichos. Y acabó generando adicciones tan insidiosas que pronto mereció casi al apelativo de pecado, colmo de vicios “sin virtud alguna”, en opinión de algunas voces.

La ciencia, sin embargo, acabó jugando a favor de los partidarios del placer y, puestos a indagar en cosas buenas del chocolate, científicos californianos publicaron en 1996 un artículo en The Lancet, en el que se dejaba constancia de que las catequinas (flavonoides) del chocolate superaban a las del té en su acción antioxidante. Los autores no proponían introducir más cacao en la dieta, pero recordaban de “combinar algo de chocolate con una taza de té es sabroso y sano a la vez”.

DESMITIFICACIÓN DE UNA CULPA

Como por arte de birlibirloque, en los últimos 10 años han proliferado trabajos científicos que podrían para los pies a los padres o educadores que intenten frenar el consumo de chocolate por parte de los adolescentes. Pues bien, resulta que la grasa saturada de la manteca de cacao, el ácido esteárico, no aumenta el colesterol malo (LDL). Al contrario, parece ayudar al hígado a eliminar el exceso de este lípido de la sangre. Tampoco salen más granos en la cara por abusar del chocolate; aunque un dieta sana mejora siempre el estado de la piel, el acné se debe a una producción excesiva de sebo causada por factores hormonales, y no dietéticos. Con respecto a la migraña, un trabajo publicado en Cephalalgia concluyó recientemente que el chocolate no provocaba los dolores de cabeza del grupo que lo tomó en gran cantidad, comparado con otro que consumió una bebida con sucedáneo (algarrobas).

De las caries, es cierto que existen alimentos más cariógenos que otros y que el chocolate, por su contenido en azúcares, se encuentra entre los de mayor peligro. Sin embargo, si éste y otros alimentos cariógenos se consumen con las comidas y antes del cepillado, el riesgo desaparece. Además, el chocolate se disuelve rápidamente y no está mucho tiempo en contacto con el esmalte dental (los caramelos blandos y pegajosos son mucho más dañinos).

A propósito de la adicción al chocolate no esicten datos definitivos. Tres son las sustancias del chocolate que pueden incidir en el estado de ánimo (muchos le atribuyen cualidades antidepresivas). Su contenido en cafeína y teobromina lo convierten en unestimulante leve. La feniletilamina produce un efecto placentero a nivel cerebral y la anandamida causa relajación y sensación de bienestar. Estos dos últimos compuestos también están en el hachís, por lo que algunos trabajos sugirieron que el chocolate podría tener efectos adictivos similares a los del cannabis y justificar, de este modo, su apelativo popular. sín embargo, se ha demostrado qu ela concentración de estas sustancias en una tableta es insufiente para que el chocolate provoque efectos adictivos.

LA CATEQUESIS DE LA CATEQUINA

Educar a comer bien no es cuestión de prohibir. En una cultura cada vez más inclinada a lo orgánico y lo funcional en los alimentos, nuestras generaciones emergentes deben conocer las cualidades de cuanto se llevan a la boca y recomponer su selección de gustos en torno al valor de lo ingerido.Como los bífidus activos, las vitaminas o los minerales, los más jóvenes tienen derecho a conocer que los flavonoides incluidos en algunas frutas, el té o el vino tinto mejoran, como en el caso del chocolate, los niveles de antioxidantes en la sangre hasta en un 20% y reducen el colesterol LDL.

Hay que subrayar que dicho efecto está presente de igual forma en cebollas, manzanas, judías, soja y zumos de naranaja o uva, y que es mejor comer de forma extensiva (muchos aliemntos distintos) que intensiva (más de lo mismo). La ventaja de frutas y verduras es que, además de flavonoides, contienen fibra, vitaminas y minerales. La ventaja del chocolate es su inigualable sabor (y mejor, cuanto más amargo, cuanta menos leche o azúcar).

“Es posible que a partir de ahora podamos pecar con un poco menos de remordimiento”, comenta Franz Messerli, un experto en hipertensión de Nueva Orleáns que centra el poder curativo del chocolate en los polifenoles son unos componentes químicos que también se encuentran en otras sustancias, como el té verde; son flavonoides, concretamente catequinas, y los científicos creen que son dichas catequinas las que más efectos antioxidantes y antitumorales poseen”. Cuatro son las principales catequinas que se dan cita en el chocolate: EC (epicatequina), ECG, EGC y EGCG.

Fuente: CONSUMER.es EROSKI

LA CERVEZA, gran cantidad de nutrientes

•febrero 5, 2007 • 1 comentario

Su consumo moderado aporta gran cantidad de nutrientes a la dieta y no favorece la obesidad

La cerveza es una bebida alcohólica cuyo abuso acarrea consecuencias graves para la salud. Sin embargo, estudios recientes certifican las virtudes de un consumo moderado, que puede llegar a cubrir el 6,5% de las necesidades diarias de vitamina B12 y hasta un 12% de las de ácido fólico. Las investigaciones aseguran también que la tradicional idea de que la cerveza engorda es falsa e, incluso, la consideran un componente ideal para mantener un menor Índice de Masa Corporal, ya que sólo aporta un 4% de las calorías totales de la dieta de los hombres y un 3% de la de las mujeres.

Azucena García para Consumer.es
Abril 2003

NOTABLES BENEFICIOS

Muy pocas bebidas alcohólicas reportan al organismo tantos beneficios como la cerveza. Su consumo moderado supone para la dieta la ingesta de un buen número de nutrientes y, según los expertos, tomarla a diario implica cubrir parte de las necesidades diarias de vitamina B12 (6,5%) y ácido fólico (hasta un 12%). “La aportación de la cerveza es muy importante, puesto que ya desde principios de los años 90 se puso de manifiesto el escaso consumo de vitaminas del grupo B y ácido fólico que registra la población española”, reconoce el doctor Lluis Serra, director del Centre de Recerca en Nutrició Comunitària del Parc Cientific de la Universidad de Barcelona.

Recientes estudios otorgan a la cerveza la cualidad de prevenir enfermedades cardiovasculares y garantizar una correcta alimentación. Aseguran que cantidades apropiadas -250 ml/día para las mujeres y 500 ml/día para los hombres- promueven la secreción de los jugos gástricos, facilitan la digestión, estimulan el apetito y tienen un efecto diurético. Además, según una investigación llevada a cabo hace algunos meses en la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, “el consumo de cerveza aporta una importante cantidad de la ingesta recomendable de fibra soluble, que puede contribuir a evitar el estreñimiento y disminuir la incidencia de cáncer de colon”. Los beneficios son, por tanto, variados y muy dispares, aunque es necesario recordar siempre que sólo se cumplen cuando el consumo es moderado.

  • Propiedades antioxidantes: Los extractos utilizados para la elaboración de la cerveza protegen a las células del daño oxidativo, tanto de los lípidos como de las proteínas. De esta manera, se favorece el retraso del envejecimiento celular y se disminuye el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, así como su capacidad cancerígena.
  • Aporte de nutrientes: Además de las mencionadas vitaminas del grupo B, muy importantes para mantener un equilibrio nervioso adecuado, la cerveza reporta un 10% de fósforo, proteínas, carbohidratos, sales, agua y ácido fólico.
  • Mínimo contenido en sodio: Esta circunstancia la confiere un fuerte efecto diurético y permite que pueda ser incluida en dietas hiposódicas, que requieren una mínima cantidad de sodio.
  • Baja graduación alcohólica: En comparación con otras bebidas, el alcohol que contiene la cerveza es mucho menor, aunque no deja de ser alcohol. La graduación oscila entre cuatro y cinco grados y, según datos del Centro de Información Salud y Cerveza, “para igualar la cantidad de alcohol que hay en un litro de vino, habría que considerar dos litros y medio de cerveza”.
  • Prevención de osteoporosis: La relación entre esta bebida y la prevención de la osteoporosis se basa en que el alcohol reduce la pérdida de masa ósea, al tiempo que el silicio -presente en la cerveza- la favorece. El silicio es un elemento importante, e ingerirlo en la cerveza supone un aporte adicional importante si se tiene en cuenta que gran parte del silicio que contiene el agua es eliminado en el proceso de depuración.
  • Aumento del “colesterol bueno”: En cantidades moderadas, la cerveza favorece la concentración de lipoproteínas de alta densidad (HDL), el denominado “colesterol bueno”. Este aumento reduce los riesgos de enfermedades y accidentes cardiovasculares frente a las posibilidades de los abstemios y consumidores abusivos de alcohol.

ENGORDA LA CERVEZA?

 

Diversas investigaciones aseguran que la aportación calórica de la cerveza es muy inferior a la de otras bebidas alcohólicas y ligeramente inferior a la de refrescos y colas. Una caña de 200 mililitros apenas aporta 90 kilocalorías. O, lo que es lo mismo, el consumo moderado supone sólo un 4% de las calorías totales de la dieta de los hombres y un 3% de la de las mujeres, por lo que se concluye que la popularmente calificada como “tripa cervecera” se debe, en realidad, a otros hábitos de alimentación y estilos de vida. “Se ha descubierto que el causante de la ‘curva de la felicidad’ es la variante DD del gen de la enzima conversora de la angiotensina (ACE), que favorece la acumulación de grasas alrededor del abdomen Los portadores de esta variante tienen tendencia a desarrollar grasas abdominales, aunque no todas las personas llegan a desarrollarla si siguen una dieta equilibrada y realizan ejercicio”, argumenta el Centro Cerveza y Salud.

Por su parte, el doctor Serra defiende que “las personas que realizan mayor actividad física consumen cerveza de forma más regular que los que no la beben”, lo que conlleva un menor Índice de Masa Corporal y, en consecuencia, aleja las posibilidades de padecer obesidad. “Esta afirmación rompe con el mito popular de que los bebedores regulares de cerveza tienden a ganar peso”, concluye Lluis Serra.

Inconvenientes

No se puede olvidar que, pese a sus virtudes, la cerveza no deja de ser una bebida alcohólica y, por ello, es importante insistir en la necesidad de un consumo moderado. Cantidades superiores a las permitidas por el metabolismo implican graves consecuencias:

  • Cantidades excesivas de alcohol repercuten de manera negativa en órganos vitales como el hígado, el cerebro, el corazón y la sangre.
  • Irrita el estómago y lesiona el recubrimiento del intestino, lo que ralentiza la absorción de algunos nutrientes.
  • Disminuye el aporte de un gran número de vitaminas y minerales, y aumenta los triglicéridos en la sangre y los niveles de hierro.
  • En ayunas o sin alimentos sólidos puede producir hipoglucemia.
  • Contribuye, en cierta medida, al desarrollo de la obesidad, aunque no en los niveles que se creía hasta ahora.

CERVEZA SIN ALCOHOL

 

La cerveza sin alcohol se diferencia de la normal, únicamente, en la desaparición del alcohol, puesto que conserva todos sus nutrientes. Un botellín de cerveza “sin” al día aporta 10 miligramos de calcio, potasio y muy poco sodio. Además, tiene un alto contenido en agua (95%) y efectos antioxidantes que contribuyen a prevenir las enfermedades cardiovasculares. “Entre el 15% y el 30% de la población española se ve afectada en estos momentos por la hipertensión arterial. Estas personas deben seguir dietas hiposódicas y no deben consumir alcohol, por lo que la cerveza ‘sin’ puede ser una opción muy recomendable”, explica Jesús Román Martínez, presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA). Esta bebida contiene tres veces menos calorías que un refresco o una ración de fruta, “lo que la convierte en una opción muy recomendable en dietas de adelgazamiento, ya que ayuda a romper la monotonía de la dieta”, afirma el doctor Martínez. “También puede ser una refrescante elección para las personas mayores, pues además de ser hidratante, su aspecto y sabor recuerda más que los refrescos a las bebidas de mayor graduación, que en edades más jóvenes fueron consumidas con más frecuencia e intensidad”, añade Martínez

Cifras del sector

Según datos de la Asociación de Cerveceros de España, la producción en 2001 alcanzó los 2.770 millones de litros. Una importante cantidad que colocó a nuestro país en el tercer puesto dentro de la Unión Europea, por detrás de Alemania y Reino Unido, y en el noveno a nivel mundial. Ese año, las ventas mantuvieron la línea de recuperación y alcanzaron los niveles de principios de los años 90, cuando experimentaron un fuerte descenso. El creciente turismo y el descubrimiento de esta bebida en zonas poco habituadas a ella, propiciaron este ascenso. “El consumo de cerveza aumenta durante la época estival por las favorables condiciones climatológicas y la afluencia del turismo. Sin embargo, en los últimos años se está produciendo una desestacionalización del consumo y está aumentando en zonas menos cálidas y tradicionalmente menos cerveceras, como la Cornisa Cantábrica”, explica el portavoz de Cerveceros de España.

En cuanto al consumo de cerveza sin alcohol, éste representa el 7% del consumo total, con la cuota de mercado más alta de Europa, “lo que indica que, pese a tratarse de un producto relativamente nuevo, la cerveza sin alcohol se presenta como una bebida con una clara proyección de futuro que satisface las necesidades de determinados consumidores que no pueden o no quieren tomar alcohol”.

Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, los españoles consumieron en 2001 algo más de dos millones de litros de cerveza. Esta cifra supone 54,4 litros per cápita al año. Además, un análisis sociodemográfico demuestra que el consumo es mayor en los hombres que en las mujeres.

Por zonas geográficas, en la región sur se confirma un consumo más elevado, tanto en hombres como en mujeres, con una tasa del 34%. Le siguen Canarias y Levante, con porcentajes cercanos al 20%, y es “significativo” el caso de la zona centro, que ostenta el primer lugar en cuanto a consumo masculino, con un 46,4%, mientras que el femenino desciende hasta el 8,31%.

Fuente: CONSUMER.es EROSKI